NECESITÁBAMOS «LA NORIA»

Dice Axel Münthe, refiriéndose a un libro suyo, algo así como que “…murió de muerte natural, y el reducido duelo que lo acompañó a la fosa común del olvido soportó su pérdida con obstinada resignación”. Muchos libros mueren. Algunos mueren deprisa, de puro prescindibles que son, y otros lo hacen después de una larga y fecunda vida. La muerte, como fenómeno estadístico, no es intrínsecamente mala, de hecho es imprescindible, en la biología y en la literatura. Pero también existe la inmortalidad, que queda reservada para las grandes obras maestras. Además, están aquellos libros que no mueren del todo, sino que entran en una especie de letargo del que pueden despertar. Si lo hacen, durante un tiempo aportan a nuevas (o viejas) cohortes de lectores todo eso maravilloso e imposible de inventariar que aporta la literatura a los que leen. Querría creer que ese es el caso de La noria, de Luis Romero, mi padre, reeditado por editorial Comanegra, por cuya intercesión la obra vuelve a estar en las librerías. Una cuidada edición en forma de una caja en que a la obra original le acompaña otra novela coral, Gira Barcelona, a cargo de escritores actuales. La noria, por lo tanto, va a dar unas cuantas vueltas más.

A Joan Manuel Soldevilla (JMS), profesor de literatura, y a mí nos presentó Tintín en un aeropuerto hace ya unos años. Él ha sido, probablemente, uno de los primeros en leer La noria recién reeditada, lectura que le inspiró una serie de comentarios que me escribió. Le he pedido permiso para recogerlos y publicarlos en este blog, y no he podido resistir la tentación de apostillarlos como El Biólogo Descarriado que soy (EBD), y el resultado ha sido una especie de conversación entre nosotros.

JMS. He vuelto a leer La noria y he disfrutado. Muchísimo. La había leído dos veces, en aquella edición de Círculo de Lectores —con esa cubierta de Yzquierdo hipnótica— que supongo que dio una enorme difusión al texto allá en los setenta; una siendo un adolescente y otra siendo joven, quizás con treinta años. Siempre me había gustado pero ahora, con cincuenta y pocos, me ha entusiasmado. Y emocionado.

EBD. En efecto, La noria fue el libro recomendado del trimestre en Círculo, en 1971, y eso ayudó a darle una nueva vida. Pasado el boom de Círculo, siguió vendiéndose, aunque fuera modestamente, en sucesivas ediciones de Destino hasta los 80, en que podríamos decir que cayó en el olvido editorial. El recuerdo sobrevivió en algunos lectores, en estudios literarios, en algunas bibliotecas… Pero incluso su papel como una de las novelas clave sobre Barcelona se fue diluyendo.

JMS.  Sí, una novela sobre Barcelona, de crítica social. Sí, bueno. Cuando se ha hablado de La noria con frecuencia se ha hecho desde una perspectiva historicista; que si novela representativa de lo social, que si destacada por el uso del monólogo interior, que si retrato de Barcelona paralelo a La colmena… La he querido leer como lo que es, una novela, sin todo eso que le echaron desde antes de nacer, y la he disfrutado. Me ha entusiasmado el ritmo, el tempo narrativo, ese metrónomo implacable que resuena en toda la novela y que la cohesiona de forma admirable.

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Luis Romero en Cadaqués, en 1953, poco después de regresar a España después de haber ganado el premio Nadal. Fotografía: Francesc Català-Roca

EBD. El tiempo… sí, es verdad. Yo leí la novela por primera vez con quince o dieciséis años, y la he releído por cuarta o por quinta vez este verano. Cada vez encuentro algo nuevo, no sé si porque soy capaz de profundizar más, o porque mis ojos han ido cambiando con los años. Pero esto del tiempo tienes razón, no lo había percibido tan claramente. La novela sigue un eje temporal muy estricto, y las horas, no las horas, los minutos, avanzan de manera inapelable. Casi diría que es ese flujo del tiempo el que hace girar los cangilones (perdón por el palabro, podría haber dicho arcaduces, pero sería todavía peor) de la noria. Puede que ese flujo inevitable se refleje en el estilo…

JMS. Admiro el estilo, certero, controlado, que sabe encontrar un equilibrio entre el poema y la crónica; el narrador, todopoderoso, que muestra, valora y opina con una extraña combinación de misericordia y distancia.

EBD. Misericordia… Me gusta la palabra, aunque yo no la hubiera empleado. Siempre he creído que en muchas de las novelas de mi padre, a pesar de que se lleva al lector a un mundo injusto, opresivo, triste, gris, hasta sórdido en ocasiones, siempre queda un resquicio para la esperanza, tal vez lo que tú llamas misericordia del narrador. Este resquicio, muy taponado por todo lo demás, no todo el mundo lo percibe; es curioso.

JMS. Esperanza… Fíjate: este verano he elaborado un texto sobre Cervantes y Barcelona, y leyendo ahora La noria he descubierto una analogía curiosa, no sé si casual. Don Quijote llega a Barcelona una madrugada del día de San Juan, más o menos la madrugada que retrata la novela; la aurora de Barcelona no tiene cuatro columnas de cieno, como la de Nueva York, sino luz, esperanza, algarabía, vida…  Tanto en Cervantes como en Romero. Por otro lado, una curiosa paradoja, ¿cómo una novela que confluye hacia un amanecer espléndido puede tener este tono crepuscular?

EBD. ¡Una influencia cervantina en La noria! Eso realmente suena bien. La crítica de la época (y algún periodista actual también, y con más énfasis) quisieron identificar en La noria influencias de Dos Passos (Manhattan transfer), de Schnitzler (La ronda), de Virginia Woolf (Mrs Dalloway) y de Cela (La colmena). Lo que sucede es que mi padre, cuando escribió La noria, no había leído ninguno de estos libros, salvo La colmena. En cambio estoy seguro de que había leído El Quijote, obra de la que era un apasionado. Quién sabe…

JMS. Hay páginas soberbias y personajes extraordinarios, retratados con una profundidad y sutileza admirables. Dos cosas he descubierto que en lecturas anteriores no había advertido con tanta rotundidad: el miedo y el sexo, que fluyen por la ciudad desde sus cabañas hasta sus palacios como un extraño magma que todo lo empapa.

EBD. El miedo… Yo no lo acabo de percibir, pero puede que tengas razón, sobre todo si por miedo entendemos la incertidumbre, las estrecheces, el no saber qué va a haber mañana para comer. Y el sexo, desde luego. Aunque yo prefiero decir “abundancia de historias galantes”, tal vez inspirado por el título del primer capítulo (Madrugada galante). Pero… ¿y la ciudad? ¿Qué papel crees que desempeña?

JMS. La ciudad la he sentido muy cercana. No viví esa Barcelona, yo nací en los sesenta, pero la he reconocido como la mía, no sé si porque me fui de ella a finales de los ochenta, antes de la fiebre olímpica que todo lo cambió. Pero intuyo que no es por eso, sino porque el autor lo que ha hecho es crear una ciudad universal y atemporal. Que retrata con precisión un momento histórico, es cierto, pero que trasciende la anécdota y la convierte en universal. Intuyo que un lector de Buenos Aires o de París se reconocería en esta ciudad, que no es la suya.

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Diversas ediciones y traducciones de La noria. La edición a la que ace referencia JMS es la de abajo, en el centro.

EBD. Supongo que eso explica el éxito de la novela fuera del ámbito estrictamente barcelonés. Aunque no fuera la obra más traducida de mi padre, sí se publicó al menos en francés, italiano y alemán e italiano, en editoriales de mucha difusión (Robert Laffont, Paul List y Fratelli Fabri).

[sonrío con cierto embarazo… no sé si sacar el tema].

EBD. Y… esto… Por cierto… ¿y mi epílogo? ¿Qué te ha parecido?

JMS. Tu texto final, soberbio; inteligente y sutil, sitúa al autor en la obra y en el tono de la obra, y retrata de forma magnífica al novelista con sus propios mecanismos. Un acierto admirable.

EBD (…)

JMS. Una idea final: sería apasionante preparar una edición anotada con las explicaciones de todas las referencias sociales, culturales, musicales, urbanas o históricas que aparecen; no porque la lectura la exija –el libro se disfruta sin saber quién era El Coyote o qué era Locura de amor-, sino porque todas ellas forman una constelación apasionante de estampas que retratan un mundo extinguido y que ya pertenece a la historia.

EBD. Pues tomo nota, aunque habrá que esperar unos años, otro despertar del letargo del olvido.


ADDENDUM

El día 24 de noviembre, a las 19:30, habrá un acto de homenaje y en conmemoración del centenario de Luis Romero. Lo anuncio sobriamente, pero me hace una especial ilusión. Nos hace.

Aquí está la invitación al acto

Aquí está el vínculo a la nota de prensa del acto

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2 pensamientos en “NECESITÁBAMOS «LA NORIA»

  1. Pingback: TAMBIÉN NECESITÁBAMOS «LOS OTROS» | El Biólogo Descarriado

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