MIS MEMORIAS (I)

Preliminar

Ha sido todo uno. He terminado de leer las Memórias póstumas de Brás Cubas (de Joaquim Machado de Assis, 1881) y he decidido que iba a escribir las mías, o sea, mis memorias. Después de procrastinar unos meses, me he puesto manos a la obra.


El comienzo

El secreto de unas buenas memorias está en el inicio, eso lo sabe el más pardillo. Por lo tanto, he de dar con un buen comienzo. Brás Cubas se pone a escribir sus memorias una vez muerto, lo cual es un recurso magnífico, y se las dedica al primer gusano que empezó a roer sus carnes yertas. Es genial, se me hubiera tenido que ocurrir a mí. Tendré que pensar otra cosa.


Eureka
: Virgilio

He tenido una buena idea. Me llamo Virgilio, y el primer capítulo explicará cómo y por qué, yo nonato, mis padres escogieron ese nombre para mí. Es un tema que puede dar mucho juego si lo sé explotar bien.

Claro que hay un pequeño problema, y es que no me llamo Virgilio. Es una contrariedad. Pero tanto da, será una licencia poética, ¿sí? Bueno, o una licencia literaria, que yo de esto no entiendo mucho, o una licencia a secas. Tanto da, que si ahora me entretengo en detalles nimios como esto de las licencias no conseguiré ni siquiera llegar a nacer, en mis memorias, me refiero. Lo cual, por cierto, limitaría mucho el horizonte de mi autobiografía, y además sería tremendamente decepcionante para mis futuros lectores.


Procedimiento y método

Resuelto satisfactoriamente este primer y peliagudo asunto, tengo que organizarme. Una vida larga, como habrá sido la mía el día en que me muera en mis memorias, da para mucho y si no procedo de manera ordenada puedo perderme, y, peor, hacer que mis lectores se pierdan. Me digo: la felicidad de mis futuros lectores es la estrella que guía mis pasos literarios. Frunzo el ceño. No me acaba de gustar esta última frase, un poco pretenciosa. Creo que la borraré cuando corrija el manuscrito.

A lo que íbamos: procedimiento y método. No sé si es mejor darle a mis memorias una estructura cronológica o una estructura lógica. Este dilema hace que me plantee si la vida tiene lógica o sólo tiene cronología; es un pensamiento profundo, me digo. Al final, decido que la cronología es el último recurso de la lógica, lo cual me parece más profundo todavía. Satisfecho, decido que habrá un capítulo de pensamientos profundos. Al rato rectifico: de momento los pondré juntos en un capítulo para que no se pierdan, pero luego los iré esparciendo aquí y allá, como al descuido.


Nacimiento

La narración de mi nacimiento debe sorprender pero no desconcertar, debe abrir el apetito pero no saciar. En suma, ha der ser un aperitivo que desencadene la secreción de jugos gástricos del lector, para que luego pueda digerir sin empacho los sucesivos capítulos de mi periplo vital, que habrá ido ingiriendo con voracidad creciente.

Doy un paso atrás, entorno los ojos. Qué frase. Esto es estilo. Intentaré no abusar de mis dotes estilísticas para no abrumar a nadie.

Explicar mi nacimiento en primera persona es un recurso facilón del que prescindo con desprecio. Podría disponer una especie de sopa de pensamientos de las diversas personas presentes, cabalgados, superpuestos, mezclados, no agitados, esto creo que lo he oído en alguna parte; pero temo que resulte algo confuso. Puedo recurrir a un narrador omnisciente, pero eso queda plano, sin gancho. Lo tengo: lo explicará la comadrona. La comadrona, con sus manos en las entrañas de mi madre, nota en sus dedos mi carne nonata. El mundo exterior acaba de llegar a mí. Luego vendrá un plano cenital en que participen médicos, enfermeras, mi padre y, que no me olvide, mi madre. Y luego vendrá mi primer grito; justo cuando grite, la comadrona callará para siempre, y a partir de ahí tomaré el mando y todo quedará escrito en primera persona.

Estoy encantado con esta estupenda idea tan llena de talento, así que me voy a tomar una copa para celebrarlo.


Sexo y pasión

Enardecido por la copa, bueno, por las copas, que creo que han sido dos, he decidido dejar infancia y adolescencia para más adelante; las recuperaré mediante un oportuno flash-back cuando esté de humor. Así ahora puedo dejar de lado tales ñoñerías y entrar directamente en materias que sin duda van a despertar el interés de mis futuros lectores, o sea, sexo y violencia. Como mi vida ha sido bastante pacífica, habrá más de lo primero que de lo segundo. Porque respecto a lo segundo no sé si merecerá la pena explicar el día que le toqué la bocina a uno que no me cedió el paso, y que cuando me llamó atontado yo le contesté que eso lo sería él.

Así que me quedo con lo del sexo, abandono el orden cronológico y entro en un apartado temático la mar de interesante, oh sí. Por cierto: he de vigilar que el hilillo de baba que me está empezando a salir por la comisura de los labios no me manche los papeles donde tomo estas notas, porque creo que las copas han terminado siendo tres, ahora que caigo.

En mis memorias soy un Don Juan audaz, apasionado y fogoso, pero a la vez sensible y enamorado, con un corazón lleno de cicatrices. Esta irresistible imagen me conduce a una fase profundamente creativa en la que se me ocurren ideas licenciosas a más no poder, no, no quise decir licenciosas, quise decir que algunas serían licencias literarias de esas, mecachis, y es que puede que las copas fueran cuatro, ay.

A lo mejor es conveniente dejar este capítulo para cuando se disipen los efectos euforizantes del alcohol, ya que me arriesgo a que sea un capítulo poco creíble. Claro que si resulta creíble mucho peor, pues me expongo a represalias. Otro dilema.

Desde que me he puesto a escribir mis memorias noparan des urgirme dile más, nudcaa lu oviera dich….

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