ÚLTIMOS DÍAS ANTES DEL INVIERNO

La casa era grande, grande y fría. Podríamos decir que vanamente grande y obviamente fría. Obviamente fría porque casi todo era ya frío entonces; y vanamente grande porque éramos sólo dos. Y como éramos sólo dos, nos sobraba casa, y la casa que nos sobraba simplemente la ignorábamos, como quien aparta la comida que le sobra una vez saciado; o como quien aparta la comida porque ha decidido ser sobrio. Puestos a apartar, aunque, desgraciadamente, no a ignorar, también apartábamos el frío; lo dejábamos fuera de un pequeño perímetro que habíamos creado alrededor de la gran chimenea que había en el salón. Ese perímetro lo defendía un fuego lleno de bravura, con grandes llamas y muchas chispas, que parecían velar sobre nosotros, y nos mantenían fuera del alcance no sólo del frío, sino también, hasta donde era posible, del miedo.

Lo que hacíamos en aquella casa y cómo habíamos llegado hasta allí forma parte de una larga historia que dio comienzo hace una eternidad, cuando nos conocimos; o tal vez diera comienzo en cualquier momento de los muchos años que compartimos mientras, al principio sin saberlo, luego ya plenamente conscientes, envejecíamos juntos. Claro que nunca habríamos llegado a esta casa sino llega a ser porque un buen día el Invierno empezó a caer sobre el mundo. No tengo intención de evocar aquellos momentos ni lo que fueron para la especie humana. A la duda le siguió el desconcierto, el desconcierto dejó paso a la zozobra, de la zozobra vino el miedo, y el miedo engendró el pánico, y peor. Cada cual vivió aquello a su manera. Unos pocos al principio, más tarde muchos más, todos los que pudieron al final, iniciaron una huida desesperada hacia el sur, pensando que allá el Invierno no llegaría, o que llegaría menos virulento, o al menos que llegaría más tarde. Riadas de gente se pusieron en marcha hacia cualquier parte, por cualquier medio, con tal de que esa cualquier parte estuviera hacia el sur. Al final, sólo se veían largas columnas de hombres, mujeres y niños que iban a pie camino del sur, que pronto dejó de ser el sur para convertirse en el Sur, la última esperanza de la especie. Todo se movía hacia ese Sur que tal vez ni siquiera existiera.

Ella y yo decidimos quedarnos. Para tomar la decisión, apenas tuvimos que hablar; nos miramos a los ojos, y compartimos con enorme y desoladora lucidez que ya habíamos vivido lo que teníamos que vivir, que ya habíamos hecho lo que teníamos que hacer, incluso algo más, y que no íbamos a mendigar una propina más que incierta. Con aquella mirada, renunciábamos a nuestra pequeña parte de la historia colectiva: fuera cual fuera el destino del mundo, nosotros ya no formábamos parte de él. Tomada la decisión, pasaron unos días, serenos, silenciosos. Pero nos quedó un resto de inquietud, de insatisfacción. Ese poso fue fermentando, hasta que uno de los, no recuerdo quién, propuso ir a enfrentar el invierno. Y el otro, no recuerdo quién tampoco, sonriendo, asintió. Y así nos pusimos en marcha hacia el norte.

El viaje fue largo, y desde luego ni fácil ni cómodo, sobre todo porque no sabíamos qué buscábamos ni a dónde íbamos. Más de una vez pensamos en volver atrás, aunque atrás era una palabra que iba perdiendo poco a poco su significado. Las fuerzas se fueron desgastando, y la pizca de rebeldía residual que nos había empujado contracorriente terminó por marchitarse. Fue pues una mezcla de cansancio y hastío la que nos dijo que había llegado el momento de detenernos. O puede que no. Puede que hubiéramos seguido todavía más al norte. No lo sabremos, y además carece de interés. Lo que sucedió es que, desde muy lejos, vimos la casa. Decir que fue como un flechazo es cursi, y encima no es verdad; pero a medida que nos fuimos acercando a ella, empezamos a percibir con claridad creciente que nuestra marcha llegaba a su término. Frente a la casa, cogidos de la mano, nos detuvimos un momento. Luego, nos dirigimos a la puerta, y no nos sorprendió lo más mínimo que estuviera abierta. Se había acabado la huida hacia adelante; esperaríamos aquí, a pie firme, la llegada del Invierno, y aquí, en nuestro último hogar, perderíamos nuestra última batalla.

El resto ya está casi todo explicado. La casa estaba vacía, había mucha leña, había un salón con una gran chimenea, había una despensa con comida que nos duraría, es un decir, más que la leña. Así que nos instalamos, y desde entonces estamos aquí, compartiendo esta última porción de vida que hemos decidido apurar juntos. Podría parecer que esperamos, pero en realidad no esperamos. Vivimos los segundos, con sosiego, y a medida que la mano del Invierno va apretando el mundo con más fuerza, cada vez con más fuerza, nosotros echamos más troncos al fuego, y nos acostamos junto a la chimenea, envueltos en mantas, sonrientes, mientras las llamas pintan de tonos cobrizos nuestras pieles desnudas, y hablamos, sin prisa, de las cosas que hemos hecho y de las que hubiéramos podido hacer, e incluso de las que nunca habríamos hecho. O callamos.

De esta manera han pasado los últimos días antes del Invierno. El frío nos rodea, y nuestro perímetro resiste, aunque ya por poco tiempo. Los troncos se han agotado, y está ardiendo la última brazada de leña que hemos podido conseguir. Podríamos quemar los muebles, pero para qué; además no sería elegante. De un momento a otro, el Invierno se hará con nosotros. Nos hemos librado del miedo. Estamos juntos, hemos estado juntos tanto tiempo que sería inconcebible no estar juntos también ahora. Estamos envueltos en mantas, en silencio. No hay nada que decir que no nos hayamos dicho ya. Cuando se extinga la llama postrera, quitaremos las mantas de encima de nuestros cuerpos y nos abrazaremos por última vez, y abrazados entraremos en la oscuridad final.

NADANDO EN ALGUNA HISTORIA

Los montones de diarios se extienden a mis pies como una especie de océano de aguas tranquilas, aunque dejan entrever, a la vez, algo de amenazador. Predomina La Vanguardia, pero hay también ejemplares de El País, Ya, ABC, Diario de Barcelona, Avui y otros varios, y hasta asoma entre ellos alguna Hoja del Lunes. Están en absoluto desorden cronológico, y, a primera vista, no descubro ningún criterio evidente que permita entender por qué esos periódicos, y no otros, están ahí. Con una jactancia impropia de mi edad y condición, le lanzo a ese proceloso océano una mirada retadora. Ahora, tú y yo nos vamos a ver las caras, le pienso. Al poco, tengo sobre la mesa un primer paquete. Me tiro de cabeza al agua de papel e historia.

Nada más empezar, leo que se encarga la construcción del primer buque oceanográfico español (24 de febrero de 1966), y no puedo menos que sonreír. De ahí salto a un titular que reza: Sarajevo’84, la primera olimpiada sin problemas en 16 años. La sonrisa se me congela, y con razón, ya que unos diarios más allá encuentro: Brutal matanza en Sarajevo (28 de mayo de 1992). Aunque la ocasión es excelente para algún profundo pensamiento, no me da tiempo: Fallece Jacques Tati, inolvidable Monsieur Hulot, a los 74 años de edad (6 de noviembre de 1982). Le envío un agradecimiento retrospectivo.

Después de estas primeras brazadas, salgo a la superficie a tomar aire. Esto no va a ser un baño plácido. Inspiro profundamente y vuelvo a sumergirme.

El Vaquilla se amotina en la Modelo para pedir droga (abril de 1984) – Discusión bizantina sobre el uso táctico de la aviación norteamericana en Vietnam (junio de 1968) – Deja de fabricarse el 600 (14 de setiembre de 1973) – No existen pruebas de que los OVNIS sean objetos pilotados procedentes de otros planetas (1969) – Confirmado: habrá trasvase del Ebro a las cuencas del Pirineo Oriental (1984) – Victoria de Santana en el torneo de Helsinki (7 de junio de 1968) – Hoy se cumplen cuatro años de la Constitución (será el 6 diciembre de 1982, digo yo) – Solemne conmemoración en Barcelona del Día del Caudillo (2 de octubre de 1955).

Para hacer un receso, pasamos a publicidad: Veterano, pura casta (17 de febrero de 1981) – Luce orgullosamente su espléndida dentadura: ¡La vida con Albident! (febrero de 1968).

Me he metido en unas aguas difíciles. Además de difíciles, son también una máquina del tiempo enloquecida, que va azarosamente hacia adelante y hacia atrás, que frena y acelera según le parece. Me doy cuenta de que lo que llamamos noticias es aquello que nos enseñan los diarios de lo que pasa por el mundo. Y que la sucesión de noticias es como un telón de fondo, una banda sonora disonante, que nos acompaña a lo largo de la vida. Y que medio siglo de esa banda sonora está pasando ante mis ojos de manera caótica. Y que yo me lo he buscado. Más que de nadador, empiezo a tener sensación de náufrago. Así que me pongo a escribir, a anotar compulsivamente titulares al azar, no, el azar es todavía algo, los anoto al tuntún. Lo que escribo se convierte en una especie de tabla a la que me agarro, para, abandonada ya toda esperanza de nadar, simplemente flotar. Así, agarrado a mi tablón, prosigo.

Andrei Gromyko va a Rumania para pedir disciplina a Ceaucescu a cambio de petróleo (1 de febrero de 1984) – Las manifestaciones del presidente Echeverría, de Méjico, una intolerable injerencia en los asuntos internos españoles (15 de abril de 1973) – Malvinas: la guerra ya es un hecho (1982) – Lanzamiento del Apolo IX (1969) – Demandas: secretaria-taquimecanógrafa, muy práctica en correspondencia (4 de setiembre de 1964) – Nieto y Tormo, mejores tiempos en 50 cc (1977) – Fallece Catalá-Roca, el fotógrafo de la posguerra (6 de marzo de 1988).

Y aquí necesito otra pausa, así que volvemos a publicidad: Tivoli: James Bond contra Goldfinger (18 de abril de 1965) – Embellezca su cuerpo. Celulitis, grasas, carnes fofas, arrugas en codos y rodillas son defectos que eliminará fácilmente friccionándose con la “Crema Corporal K2” (17 de junio de 1960).

Voy a la deriva, y el concepto de tiempo ha dejado de tener sentido, tanto el tiempo en que sucedió todo aquello como el tiempo en que lo estoy leyendo ahora. Aunque intento evitar los remolinos, alguno me atrapa de vez en cuando y me leo una noticia entera, o dos.

Sito Pons vuelve a Barcelona en olor de multitud (22 septiembre de 1988) – Se reanudó ayer el estudio del proyecto de ley sobre el II Plan de Desarrollo Económico y Social (9 de enero de 1969) – En la alocución del presidente de la Generalitat no hubo referencia alguna a la polémica sobre la autodeterminación (31 de diciembre de 1989) – Estudiante acusado de sedición (1968) – El XII Premio Planeta para ”El Relevo”, de Luis Romero (16 de octubre de 1963, en realidad era “El Cacique”) – Los mujaidines a las puertas de Kabul (abril de 1992) – Premio Nobel a García Márquez (22 de octubre de 1982) – Controversias en torno al fallo del combate Urtain-Chapelle (1969) – La pobreza del lenguaje conduce al insulto (Lázaro Carreter, creo que enero de 1992) – Asesinato de Robert Kennedy (1968) – Toledo: ubérrima cosecha de cebada (7 de junio de 1968) – Martinet y otros pueblos de alta montaña incomunicados por las inundaciones (10 de noviembre de 1982) – Duelo nacional por el vil asesinato del Almirante Carrero Blanco (21 de diciembre de 1973) – Toda España se siente unida en un mismo clamor en torno a su Caudillo y a cuanto representa (el mismo día, o tal vez algún día después) – Bolsa de Barcelona: dinero en abundancia (algún día de 1969) – Guía del radioescucha (1954) – La policía de Tortosa procedió a la detención de cuatro malhechores (18 de mayo de 1966) – Gimondi sacó treinta y nueve segundos al líder Merckx en la “contra-reloj” (7 de junio de 1968) – PCE: pugna para suceder a Carrillo (7 de noviembre de 1982).

Pagarés de Telefónica: ¡compre! (1983) – Cine Comedia: Tygra, hielo y fuego (1983) – Contactos con Srtas., máxima discreción (1983). Esto del final era la publicidad, creo que ya se ve. Para la pausa…

Algunas palabras son como fósiles que descubro con sorpresa de paleontólogo: radioescucha, malhechor, sedición, ubérrima cosecha, señoritas, vil, caudillo, perdón, Caudillo… Me doy cuenta de que el idioma no es el mismo. Es un idioma que entiendo, pero que no hablo, que ya nadie habla. Por suerte, diría yo, aunque también diría que alguna vez fue el mío.

La muerte saca del olvido a Alfonso Grosso (1995) – Villa-Cisneros: las posibilidades pesqueras de la plataforma continental africana (7 de junio de 1968) – Se fija el precio del petróleo procedente de Amposta (15 de abril de 1973) – Importante empresa del ramo de fibras artificiales radicada en Igualada, necesita ayudante tintorero para el turno noche (21 octubre 1969) – Idi Amin ante la asamblea de las Naciones Unidas (3 de octubre de 1975) – Campaña antiespañola en Europa (1975) – Los portugueses empiezan a estar fatigados de las manifestaciones callejeras y de los rumores (3 de octubre de 1975) – Las Arenas: los desternillantes toreros cómicos “El Gran Ricardo y los Chinorris Toreros” (25 de junio de 1976) – Los 80 años de Joan Miró (13 de abril de 1973) – Muhammad Alí defenderá el título mundial de los pesos pesados frente a Joe Frazier (1 de octubre de 1975) – Aiguafreda: roban un sistema antirrobo (hacia 1980) – El general Jorge Videla felicita al nuevo presidente de Argentina Roberto Viola (31 de marzo de 1981).

Una pausa y volvemos, no se vayan. Mantenga su aspecto varonil, la salud de sus cabellos exige Hair Tonic Fluid (1973) – Cine Rex: La primera conquista. Una divertida experiencia de juventud que muchos hombres recordarán como propia… y muchas mujeres comprenderán (1971)

Soy absolutamente incapaz de explicar lo que pienso o lo que siento. Desde luego, en esta travesía del océano se esconden muchas moralejas sobre lo relativo de las cosas importantes, sobre el tiempo que todo lo iguala, sobre lo efímero de la realidad publicada, sobre lo efímero de la realidad en general, y sobre mil cosas más. Pero como no lo sé explicar, sigo escribiendo.

Tras el abortado golpe de estado: masiva respuesta popular a la sedición. Vítores al Rey (poco después del 23 de febrero de 1981, claro) – La Calle y su Mundo – El Color de mi Cristal – Mercado lanero y algodonero – Ecos de Sociedad (muchas veces, a lo largo de muchos años) – Josep Pla ha muerto en su “mas” de Llofriu (24 de abril de 1981) – Felipe González prepara su gobierno (30 de octubre de 1982) – Durante los últimos años se han producido en Santander seis detenciones por portar letreros de tipo subversivo (12 de enero de 1971) – Oración al Espíritu Santo. Gracias (1978) – Murió el piloto de F-1 italiano Riccado Paletti (15 de junio de 1982) – Capricornio disfrutará hoy de un espíritu reflexivo (cuando sea) – Trimestre desaprovechado. Declaraciones de Jorge Carreras Llansana, rector de la Universidad de Barcelona (3 de marzo de 1974) – La Universidad de Barcelona solicita que el curso empiece en enero (16 de setiembre de 1973) – Atentados (demasiadas veces) – El pintor Tharrats asistirá al lanzamiento del Gemini XI (8 de setiembre de 1966) – Se celebran los actos de la festividad de San Cristóbal (julio de 1968).

Y volvemos a publicidad: Urbanizaciones Riomar. 10% de entrada, resto 3 años sin intereses (28 de julio de 1964) – Fume Bonanza, el cigarrillo negro de buena raza (hacia 1975?)

Pienso que había un yo (o varios yoes) que leía o leyó esas noticias, y que entre ese yo (esos yoes) y mi yo que las lee ahora hay una continuidad tan sólida como profundo es el hiato (los numerosos hiatos) que los separa. Como lo de pensar me da dolor de cabeza, seguimos.

Dubcek, objeto de presiones por parte de Breznev (24 de febrero de 1968) – Hoy, Fiesta de la Banderita. 4000 señoritas postularán por la ciudad (11 de noviembre de 1972) – Julio Cortázar será hoy enterrado en Montparnasse (14 de febrero de 1984) – Un día histórico para Occidente: acuerdo entre Estados Unidos y España para el mantenimiento de la paz (27 de setiembre de 1953) – Ha muerto el presidente Kennedy (23 de noviembre de 1963) – F-1: ganó Senna y Prost está más cerca del título (16 de setiembre de 1985) – Momento en que el cadáver de Allende es sacado de La Moneda (15 de setiembre de 1973) – Puig Antich y Heinz Chez fueron ejecutados ayer (3 de marzo de 1974) – El Jefe del Estado conmuta la pena de muerte impuesta al Guardia Civil Antonio Franco Martín (3 de marzo de 1974) – Salvador Puig Antich recibió sepultura en el cementerio del Suroeste (5 de marzo de 1974) – La guerra vietnamita: se da por ganada la batalla de Hue (24 de febrero de 1968).

Esta vez me olvido de la cuña publicitaria porque me empieza a costar tragar, a costar respirar. Digo yo que serán los ácaros que se han extraviado entre las páginas o entre las olas y ahora se acumulan en mi sistema respiratorio. Aunque en cuanto a seres extraviados, me siento mucho más extraviado que cualquier ácaro.

Guinea Ecuatorial: venturas y desventuras de la Diputación (11 de julio de 1968) – Inauguración de la central telefónica de Barcelona (27 de setiembre de 1953) – Frescos y chubascos en los días inmediatos (1977) – Tarradellas podría regresar muy pronto (23 de junio de 1977) – Ejercicios espirituales. Tandas en completo retiro (19 de agosto de 1955) – Miguel Boyer, posible ministrable del grupo de González (12 de noviembre de 1982) – Falta tornero en industria electromecánica (19 de agosto de 1955) – Maíz, Haro, Aguilar y Aritzmendi son los más cualificados aspirantes a la victoria en el cross (1968) – El tranvía por el nuevo tramo de Aribau (19 de agosto de 1955) – Los Simca 1200 sirven para más cosas esforzándose menos (19 de marzo de 1978) – El Dique Flotante. Sección caballeros (hacia 1970?) – Cine Calderón: Virilidad a la Española (1976).

Y así sigo. Pasa yo diría que una eternidad, el reloj y personas allegadas insisten en que dos días sin sus noches. Puede que haya conseguido cruzar el mar, agarrado a mi tablón. O puede que me haya ahogado y no me haya dado cuenta. Me inclino por la segunda posibilidad. Y eso me debería obligar a cambiar el título de esta entrada. Pero los náufragos ahogados tenemos derecho al ejercicio de la pereza, así que lo dejo como está.

EL TRUJIMÁN CONCILIADOR (y 3)

En capítulos anteriores (uno y dos)…
Nuestro héroe llega, camuflado, y consigue tomar posiciones en la sala. Llegan los Sabios, cuyas reticencias iniciales son vencidas por la astucia sin par del personaje. Gracias a la templanza de nuestro héroe, la reunión avanza y se van superando obstáculos. Pero el fracaso vive oculto en los pequeños triunfos, y se acerca la Hora de la Verdad…

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Ahora les toca a los franceses. Les pido que hablen en inglés. Lo hacen, y a partir de ese momento no tengo más que repetir lo que dicen, abreviando un poco si acaso. Entro así en una fase plácida, pero entonces se me ocurre una gran idea: le doy a mi voz un tono monocorde, como de salmodia. La cosa resulta, y veo como poco a poco los Sesudos Iluminados van cayendo uno tras otro en un profundo sopor. Con la asistencia dormida, consigo hacer pasar a varias delegaciones más sin mucho perjuicio para nadie. A los oradores, para que no se sientan menospreciados, les susurro de vez en cuando por los auriculares:

— Mire Vuezapiencia con qué profundo recogimiento el Cónclave de Sabiduría Excelsa le escucha…

Así llegamos a la pausa-café sin mayores incidentes. Están contentos, la cosa avanza expedita. El croata incluso se me acerca y me felicita, aunque me pregunta que por qué traduzco cosas al maltés, que no hay nadie de Malta en la sala. Le contesto que setze jutges d’un jutjat menjen fetge d’un penjatovic y se va admirado de mi poliglotía. Aprovecho el receso para dar unas vueltas a la sala sobre mi skate. La cosa no pasa de intento, ya que, desgraciadamente, tan metido que estoy en mi papel que olvido que no tengo ni idea de montar en un chisme de esos y antes de llegar a la primea curva me pego tal trastazo que se me va la joroba; la suprimo de mi disfraz, espero que no se note mucho. Sólo más tarde me entero de que los traductores simultáneos, en general, no van mucho en tabla; no sé de dónde saqué la idea.

Ahora viene la parte difícil: hay que alcanzar un consenso con las conclusiones. Le hago un signo discreto a mi amigo, moviendo las orejas, como diciendo que confíe en mí y que adelante. Mi amigo toma la palabra y presenta a una colega suya que empieza a mostrar datos y gráficos y símbolos matemáticos incomprensibles. Vaya, para eso no venía yo preparado. No se me ocurre nada mejor que proferir una serie de sonidos guturales, que me parece la transcripción más sensata de lo que estoy viendo. Le susurro a mi amigo por el micro que se apresure, que la cosa puede complicarse, pues creo que del lenguaje matemático me falla un poco la fonética. Mi amigo me hace caso, y se pone a hablar con palabras cargadas de sensata lucidez. Yo condenso su lucidez en unas pocas palabras:

—Primera conclusión : son ustedes maravillosos.

La primera conclusión se aprueba por aclamación. Mi amigo, que no ha oído mi traducción, se queda perplejo y me mira, boquiabierto. Le hago señas de que adelante, que lo deje todo de mi cuenta, y retoma su discurso.

—Segunda conclusión — traduzco—: esta comisión de Curia de Cerebros de Alta Gama es la mejor comisión de este lado del Misisipi.

La segunda conclusión se aprueba con más entusiasmo aún que la primea, lo que se suele llamar a la búlgara. Pero en un descuido el italiano toma la palabra, y se pone a argumentar que habría que cambiar “la mejor” por “la de mayor bondad”, apelando a argumentos que de nuevo le hacen entrar en un bucle sin salida. Se me erizan las rastas, y antes de que se produzca una debacle, le enchufo en sus auriculares Bandiera Rossa a todo volumen. El pobre hombre se queda pasmado y, en nombre del Compromiso Histórico, levanta tímidamente el puño. Pongo la canción en reproducción automática y a ese ya lo tengo neutralizado.

Envalentonado por el éxito, como veo cierta inquietud por el lado de las Galias, recurro a un arrebato lírico y les recito con mucho un sentimiento un soneto que termina:

Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demain:
Cueillez dès aujourd’hui les roses de la vie.

Y, en efecto, como los galos se esperaban cualquier cosa menos los versos de Ronsard, y como son muy románticos, ellos, se quedan en trance para el resto de la reunión. El campo de batalla está empezando a quedar despejado, así que me permito ir a por la última y más delicada conclusión:

— Y la tercera conclusión es que todos los numerajos de la colega de mi amigo y todo lo que está diciendo mi amigo es totalmente cierto de toda certitud, no se hable más, amén.

Maldita sea. Me había olvidado del croata, un elemento belicoso que empieza a poner pegas por todas partes. La cosa se pone fea, así que veo que tendré que recurrir al juego sucio. En la guerra y en el amor… ya se sabe. Lo siento por él. Abro los auriculares de la colega de mi amigo y suelto:

—Dice el Profesor en Conocimiento de la Croata Jurisprudencia que tienes una sonrisa maravillosa, y que si supieras del Saber todo lo que tienes de bonita, hasta consideraría posible darte la razón, y que si estudias o trabajas.

La colega de mi amigo duda un segundo, tal vez porque la última frase está un poco pasada de moda, pero seguro que piensa que en Croacia todavía se lleva. Sé que es una mujer que no se arredra por una impertinencia así, y noto como coge impulso. Por un momento temo haberme pasado de rosca y que le estrangule sin más averiguaciones. Pero no; se limita a lanzar al croata una mirada tan devastadora y gélida que hubiera detenido a un rinoceronte lanzado al galope, con más razón a un simple croata belicoso que no entiende lo que pasa. El pobre entra en cortocircuito multiorgánico, y deja de preocuparme.

Para dar la puntilla, digo:

— Los que no estén de acuerdo que hagan la vertical sobre una sola mano y aplaudan con los pies.

Como nadie se mueve, considero que la tercera de las conclusiones ha sido aprobada sin votos en contra.

Cautivo y desarmado el Éjército de los Díscolos Saberes Colosales, las conclusiones han sido alcanzadas. La reunión ha terminado.

Creo que me he ganado el título de Trujimán Conciliador. Con distintivo blanco de segunda clase, al menos.

FIN

EL TRUJIMÁN CONCILIADOR (2)

 

En el capítulo anterior
Nuestro héroe llega, camuflado, al lugar de sus hazañas, burla todas las barreras y consigue tomar posiciones en la sala, donde la mesa, para su estupefacción, no es redonda, sino rectangular. Se abre un tenso compás de espera…

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En eso llegan Sus Doctas y Experimentadas Sabidurías, que ni siquiera se dan cuenta del error geométrico de la mesa. Prefiero no sacarlos de su error. Además, tengo otros asuntos que atender, pues Sus Doctérrimas Cátedras Sublimes se muestran algo dubitativos respecto a la figura del traductor. Como todos hablan inglés, les ha parecido un poco raro mi humilde despliegue de técnica y talento. Pero antes de que desperdicien sus fértiles circuitos neuronales en pensar sobre tan nimio asunto, y aprovechando el factor sorpresa, ataco:

—Me envían los de la Superioridad del Alto Arriba— guiño el ojo aparatosamente— you know, los Grandes Jerarcas de la Ciencia Conocida y Por Conocer. Me han dicho que había algún problemilla de comunicación entre Sus Eminencias.

Les miro con amenazadora desconfianza.

—¿O me han engañado y ya han alcanzado Sus Serenísimas Usías las Consensuadas Conclusiones Trascendentes?

Aprovechando que algunos sacuden la cabeza negativamente, empalmo, señalando a la Mesa Supuestamente Redonda:

—Venga, vamos, no hay un minuto que perder, todos a su sitio y con auriculares puestos, de frente ¡mar!

Y para completar el cariz castrense que le quiero dar al momento, pongo La Fiel Infantería por los altavoces. La cosa funciona, pero como uno o dos parecen resistirse al ardor guerrero vibre en nuestras voces, pues recurro a mi Argumento Definitivo, y declamo con aire dolido:

—Aahhhh…. ¿Es por el color de mi piel que no os fiais de mí?

Es un golpe bajo, lo sé, pero es realmente infalible; todos han callado y, mansamente, se han dirigido a sus lugares de Superior Intelectual Discusión. La verdad, debo decir que he sido el primer sorprendido, ya que, con las prisas de última hora, me había olvidado de darme la capa de betún negro que tenía previsto para parecer un miembro de tan despreciada raza, y mi piel luce pálida y sonrosada. Pero los que miran de frente a la Verdad Científica no tienen ojos para insignificantes detalles, como la forma de la mesa o el color de la piel.

Así que allá vamos. Ellos en su mesa, y yo parapetado tras la mampara de cristal, ejerciendo una benevolente vigilancia sobre la Más Elevada Crema de la Intelectualidad Que Se Ha de Poner de Acuerdo Quieras Que No.

Empieza un italiano de ideas tan espesas que ni siquiera gesticula, lo que ya es decir; va desgranando algo que parece una letanía con voz tremendamente monótona. Reconozco que no tardo mucho en quedarme dormido. Al cabo de un rato, cuando me despierto, el buen hombre sigue; tengo la impresión de que se ha quedado atascado en un argumento circular. Como máximo, los participantes han estando escuchando mis suaves ronquidos por los auriculares, así que veo que muchos se los han quitado o los golpean con la mano, puede que para comprobar si se han embozado con alguna suciedad. Desconecto al italiano, subo el volumen del altavoz general de la sala, y con voz de sargento de la Legión, ordeno, en inglés:

—Por favor, permanezcan sentados, con los cinturones abrochados y escrupulosamente atentos a sus auriculares, que no deben quitarse bajo ningún concepto. Traduciré al final la intervención del Professore en Divina Sapienza para que ustedes puedan captar mejor su mensaje, en toda su profundidad, amplitud, altura y riqueza de matices.

Lo de los cinturones ha sido un desliz, pero ni se ha notado; tengo la situación controlada. Como el italiano no tiene pinta de ser capaz de salir del bucle, pongo un reggaeton por los altavoces, que sólo oye él porque a los demás les he llenado los auriculares de estática. El italiano se queda mudo por la sorpresa e inicia unos torpes pasos de baile sincopados, mientras yo digo a los demás en riguroso directo:

—Su Sapientísima Doctoridad en Variopintos Saberes ha dicho que el asunto a tratar es complejo, y que, tras un cuidadoso análisis basado en el subjetivismo crítico, ha decidido estar callado el resto de la reunión.

Lo he dicho en inglés, y lo repito en catalán, francés, italiano y castellano. Me acuerdo de que hay un croata, y como croata sé poco, lo vuelvo a decir en catalán con acento mallorquín y muy deprisa, a ver si cuela. Mis palabras provocan una ovación cerrada.

El italiano, todavía bailando su reggaeton, que por cierto hace rato que ya no suena, se sienta con la autoestima muy alta.

Es el turno del croata, que se pone a hablar en lengua balcánicamente incomprensible. No entiendo ni palabra, pero desde luego habla con gran conocimiento, fundamento y convicción. En previsión de algo así, he tenido la ocurrencia de anotar algunas de las palabras de la alocución del italiano. Con ellas, y añadiendo algunos verbos muy científicos de mi invención, compongo un discurso bien trabado; eso sí, omito artículos, preposiciones y hasta interjecciones, sobre todo las malsonantes, que uno es muy mirado, y demás palabras superfluas. De vez en cuando acabo alguna palabra en –ovic, cuestión de darle aroma exótico al asunto. Aparentemente, todos los participantes juzgan muy juiciosa la intervención del croata, o sea la mía, menos mi amigo, que acaba de identificarme y me mira con cierta preocupación. Le guiño un ojo, como para asegurarle que se han acabado sus penas, que aquí estoy yo.

(continuará…)

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¿Conseguirá nuestro héroe salvar a su amigo del Croata Deslenguado y del Italiano Denso? ¿Se alcanzarán las Conclusiones Consensuadas Trascedentes? ¿Triunfará la luz de la Razón sobre la oscuridad del dogma?

Estas y otras preguntas hallarán respuesta en la próxima entrega de esta apasionante serie… ¡no se la pierdan!