EL ÚLTIMO SORBO DE TÉ ES MORIR UN POCO

De las oscuras y húmicas profundidades del suelo suben el agua y los minerales; aspirados por una fuerza orgánica irresistible, circulan por los leñosos tallos hasta alcanzar las hojas, donde se unirán al carbono en un verde éxtasis de luz. Luego vendrá la orfebrería metabólica: añadir unos átomos aquí, condensar algunos dobles enlaces allá, pulir los grupos metilo, retocar la colocación de los nitrógenos, amansar los oxígenos, conjugar dobles enlaces. De esta forma, poco a poco, se forjan las joyas de un tesoro, gracias a una sabiduría vegetal más allá de lo concebible.

El tesoro no será entregado sin lucha. Primero, las plantas deberán ser cosechadas, y despojadas de sus hojas, que sufrirán secado, picado, fermentación. Luego será necesario que un alquimista las someta al tormento del agua hirviendo, hirviendo que no hervida, en el vientre redondo y sensual de una redoma opaca, para que vayan liberando aromas, taninos, alcaloides, polifenoles, en su justa medida: por eso, ni un segundo de menos, ni un segundo de más. Tendremos así a punto el líquido marrón, aromático, caliente, con un punto de amargura contenida y un rastro de aspereza amistosa, al que algunos, para terminar de propiciar su buena voluntad, adornan con dosis absolutamente idiosincráticas, es decir, personales e intransferibles, de leche y azúcar.

Creo que tomo té desde que tengo uso de razón, y espero seguir tomando té incluso cuando deje de tenerlo. Hay tés que despiertan, otros que traen paz; los hay que son una bienvenida a casa, los hay que son un adiós; y los hay que dicen, simplemente, aquí estoy, y me gusta estar aquí, y aquí quiero quedarme. Algunos tés reconfortan y ayudan cuando hace frío, frío del de fuera o frío del de dentro; otros son un paréntesis, un momento de reposo. Los tés pueden ser urbanos, marinos, rurales, montañeros. El té es bueno para después de hacer el amor, pero también para después de hacer la guerra, para después de una excursión, de un día agotador, e incluso para después de no hacer nada. Hay tés de la mañana compartidos, y tés de la tarde solitarios, tés para la lectura, para la mirada interior y para la mente en blanco. El five o’clock tea de las seis que a menudo tomo a las siete es una especie de trópico de Capricornio o línea de sombra que avisa de la proximidad de la noche. Hay quien dice que hacer el té es un acto de amor. Si es verdad, que creo que lo es, ha habido muchos litros de amor en mi vida.

Por supuesto, estoy escribiendo junto a una taza de té. El primer sorbo es un enorme placer minúsculo; el último es morir un poco.

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Un pensamiento en “EL ÚLTIMO SORBO DE TÉ ES MORIR UN POCO

  1. Me encanta eso de tomar té para el frío, sobretodo para el frío “de dentro”, que tu dices . Y lo de tomar té incluso DESPUÉS de tener uso de razón, y tantas otras cosas.
    Veo que tomas el té en clave infinita, y me encanta, (ahora me han entrado unas ganas tremendas de hacerme uno), ¡Salud!

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