ESCRIBIR

Érase una vez un hombre corriente, algo retraído tal vez, pero quién no se retrae de vez en cuando, con los tiempos que corren. Y resultó que el hombre corriente un día empezó a escribir. Y fue escribiendo, un poco aquí, otro poco allá. Al cabo de un tiempo, fueron los amigos y le preguntaron que por qué escribía; él no respondió. Pero escribió:

“Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque a veces me dicen que lo hago bien, y eso me complace, aunque no sea verdad. Escribo porque me divierte jugar a ser literato. Escribo porque hay que contar lo que a uno le pasa por la cabeza. Escribo porque el papel nunca me interrumpe cuando explico mis cosas. Escribo porque no me canso de maravillarme ante el milagro de unas letras que se transforman en mucho más que palabras. Escribo porque en lo que escribo me veo, ve trocitos de mi mundo, de mi vida.”

Y pasaron los días, bastantes días, incluso puede que fueran muchos los días que pasaron. Y el hombre corriente cada vez escribía más, y más a menudo. Y de nuevo le preguntaron que por qué escribía, y que qué escribía, y que para qué o para quién escribía. Y entonces escribió:

“Empecé a escribir porque me gustaba, porque jugaba a ser literato, porque quería contar mis cosas a alguien, porque me fascinaba la magia de las palabras. Ahora ya no. Ahora escribo porque escribo trozos de mi vida. Y lo que escribo queda atrapado en la red de mis letras, de mis palabas y de mis frases, y ya no puede escapar hacia el pasado. Y esos trozos permanecen cautivos, y puedo volver a verlos siempre que quiero. Porque escribir es como detener el reloj, es ensartar los instantes con palabras como se ensarta una mariposa con un alfiler; y esos instantes quedan en el papel, como la mariposa queda en una caja con tapa de cristal. Y por eso escribo cada vez más, para evitar que trozos de mi vida se pierdan en el tiempo.”

Y siguió escribiendo, más y más, en cuadernos, blogs, blocs, libretas, bitácoras, agendas y carnés. Y ya no sólo escribía palabras y frases, sino que también anotaba, registraba, asentaba, apuntaba: pesos, precios, menús, datos, fechas, veces, lugares.

Los amigos, intrigados, seguían preguntando. Él nunca respondía, de hecho parecía no oírles. Pero por ahí escribió:

“Apunto datos. Las cantidades, los números, las cifras son las vigas del recuerdo, un poco como la paja que le mete el taxidermista al animal disecado para que conserve la forma. Y alrededor de los datos escribo los hechos, y a veces hasta algunas sensaciones o una emoción o dos. Los trozos de vida que capturo cada vez me quedan mejor conservados.”

Como cada vez estaba más tiempo escribiendo, los amigos empezaron a dejar de visitarle. Seguramente no se dio cuenta. Por aquel entonces, fue cuando estuvo su primer día entero escribiendo sin parar. Sólo mucho tiempo después se supo que ese día había escrito:

 “Ayer me desperté a las 7:06. Mi primera percepción fue una leve sequedad de boca, y una presión suave sobre mi brazo derecho, que había quedado bajo la almohada. Noté unos hormigueos durante casi veinte segundos. Con la mano derecha retiré la sábana unos 35 o 36 centímetros. La temperatura en la habitación era de 20 grados …”.

Al llegar la noche de ese día escribió la última frase:

“Hoy he alcanzado la perfección. He escrito el día de ayer con tal detalle que está todo él metido en lo que he escrito. Este día, y todos los sucesivos a partir de ahora, quedarán para siempre aquí, embalsamados, completos, eternos, míos”.

Y se fue a dormir. Al día siguiente, nada más levantarse, fue a su máquina de escribir, puso un papel en blanco y empezó a teclear.

“Ayer escribí: “Ayer me desperté a las 7:06. Mi primera percepción fue una leve sequedad de boca, y una presión suave sobre mi brazo derecho…””.

Y al día siguiente:

“Ayer escribí: “Ayer escribí: “Ayer me desperté a las 7:06. Mi primera percepción fue una leve sequedad de boca, y una presión suave sobre mi brazo derecho…”””.

Cuando lo encontraron, yacía sobre un lecho de papeles escritos. Todos idénticos.

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7 pensamientos en “ESCRIBIR

  1. Es que escribir también sirve para ordenar todo el amasijo de recuerdos que tenemos en la cabeza, y… ¡para una vez que uno, corriente, consigue descifrarlo todo a la perfección, qué gustazo debe ser repetirlo!

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  2. Me encantan cada uno de los motivos que tiene el escritor de tu texto para escribir, por orden de preferencia de principio a fin (me gustan mas los del principio). Me los podria apropiar!
    Entiendo que cada vez es todo mas como un “autoembalsamamiento”, hasta que queda cual Momia de Tutancamon.
    Muy original, como siempre. 🙂

    Sabes? Mi abuelo escribia hasta en cada cosa que compraba: “comprado el dia Miercoles 25 de Septiembre en la tienda tal, de la calle Manuel de Falla numero 25, a un senyor llamado Ambrosio”. JAjaja, me parecio muy curioso….

    Saludos!

    Stu

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  3. Romero: tu amigo el escritor me recuerda mucho a mi amigo el fotógrafo. También se preguntaba porque hacia fotos y llegó a conclusiones parecidas, incluida la faceta documental y recordatoria. Pero… hay algunas diferencias significativas: no le interesaba capturar toda su vida; solamente las partes que le parecían agradables, el resto prefería olvidarlo. Los amigos también se le apartaron algo, porque no podían soportar que les enseñara continuamente sus fotos, en vez de colgarlas en el blog; pero mi amigo no tenía. El final también es distinto. De hecho no es un final; tras días de no verlo, fueron a buscarlo a su casa y lo encontraron borracho feliz y vivo. Un abrazo, Jordi

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