POR CORRESPONDENCIA

Estaban cenando, en silencio. Su pensamiento iba de un lugar a otro, y, cada vez más a menudo, su pensamiento se iba a ninguna parte y ahí se quedaba un rato, a veces bastante rato. Cuando había conversación, entonces su pensamiento se aferraba a las  palabras, como si fueran una línea de vida, y así evitaba irse a ninguna parte.

Tal vez por eso, y sin venir a cuento, dijo de pronto:

“-Cuando era joven, quise hacer un curso de dibujo por correspondencia.

-Pero papá – le contestaron-, no se dice por correspondencia, se dice a distancia

– Que no, abuelo, que se dice no presencial -apuntó una voz más joven

– Telemático -puntualizó otro.”

Y se inició una bulliciosa discusión llena de ejemplos, anécdotas, bromas y argumentos. Tal vez por eso nadie oyó mascullar al abuelo:

“- Pues el curso que no hice era por correspondencia…”

Y su pensamiento se volvió a ninguna parte.

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